4 formas de gestionar el dolor emocional

¿Por qué sentimos dolor emocional?

Es frecuente que el dolor emocional se nos presente cuando experimentamos cambio sobre venido en nuestras vidas, como por ejemplo, una ruptura, despedida de un trabajo, pérdida de una persona querida, duelo, etc… y este nos supera. Existen tantos dolores emocionales como personas hay en el mundo. Así que, si una situación te duele, deja “fuera de juego” y sin recursos para afrontarla, probablemente estas viviendo tu dolor emocional.

¿Cómo reaccionamos frente al dolor emocional?

Cuando se activa el dolor emocional, nuestro cuerpo y nuestra mente piden a voz en grito, escapar, debido a que no soportan el dolor que les invade.

gestionar el dolor

Las reacciones que podemos tener para afrontar este dolor son “la huida en desconexión”, “la rabia” y la “víctima perpetuada”

1- La huida en desconexión

La “huida en desconexión”.significa evitar y de algún modo, negar lo que es. Esta reacción se genera por puro instinto de supervivencia, y pretende evitar que sintamos más dolor. Activado nuestro mecanismo de defensa, la mente nos protege y hace como si no hubiera pasado nada, o como si la situación no fuera tan grave. De este modo, podemos incluso “desasociarnos” hasta el punto de creer que lo que nos pasa, no nos está ocurriendo a nosotros mismos.

La reacción de “huida en desconexión” puede ser útil en el corto plazo, incluso a veces imprescindible para  sobrevivir o sobrellevar puntualmente una situación traumática. Aún así , en el tiempo se  requerirá siempre de una revisión profunda e introspectiva – a veces con ayuda externa- para gestionar y superar ese dolor emocional. Tratar de evitarlo, y no hacerlo por miedo a destapar la caja de pandora -cosa bastante habitual- es un auténtico despropósito. Pues aunque sea el mayor de los temores que muchas personas tienen, lo verdaderamente digno de ser temido es saber y comprobar que todo lo que permanece dormido, vive en nosotros. El cuerpo y la mente tiene memoria y nuestro subconsciente además de retenerlo todo, se activa solo y en base a nuestras vivencias y recuerdos. Todo lo vivido, y sobre todo el modo en como lo recordamos y gestionamos impacta en nuestras vidas. Además, sabemos que “de lo que huyes, te persigue” y todo lo que se pretende evitar o esconder, siempre acaba encontrando su lugar de expresión. La diferencia entre que, un día explote por si mismo con fuerza, y que tú lo gestiones con conciencia, cambia la vida.

2- La rabia

Otra alternativa es expresar el dolor emocional “in extremis” y en forma de rabia, hacia nosotros mismos e incluso hacia los demás. Te enfadas por nada, -aparentemente no sabes por qué-, explotas contra el mundo y por motivos ajenos a los verdaderos causantes de tu dolor. Expresas tu rabia sin saber a qué ni a quién, y crees así desquitarte así y, en un intento de evitar ir al fondo de la cuestión de tu dolor emocional. Es otra forma de esquivar el golpe, que tampoco resulta resolutiva, ni válida en el tiempo.

3- Víctima perpetuada 

Cuando nos ocurre algo malo, nuestra mente tiende a repetir una y otra vez la película de los hechos, alargando e intensificando nuestro dolor. Este camino solo nos lleva a la ansiedad y a la depresión.

Ninguna de estas tres actitudes, ni la “huida en desconexión”, ni la “rabia” ni la  “víctima perpetuada”, nos va a ayudar a superar las dificultades ni trascender el hecho que generó nuestro dolor emocional. y es que… barrer debajo de la alfombra no sirve para nada, ya que llegará el momento explote y esparza todas las pelusas que teníamos escondidas.

 

Aprender a gestionar el dolor es necesario para que podamos dominar la situación.

4 FORMAS de gestionar el dolor emocional

1- Siente, reconoce y acepta tu dolor emocional

gestionar el dolor emocional

El sentir dolor es algo natural, no debemos esconderlo ni avergonzarnos. La mayoría de las veces, vivir una situación difícil tal y como es, conlleva sentir dolor. Tenemos que permitirnos conectar con ese dolor, asumirlo, sentirlo, reconocerlo y así…lo damos un lugar. Lo aceptamos y acogemos, como medio para soltarlo. Esta es la única manera de aprender de nosotros mismos, y de la situación que vivimos. Esta muchas veces no es la causa sino la consecuencia de un dolor previo, y por ello conectar con él, nos dará información muy valiosa sobre el origen de nuestro dolor.

Si quieres y lo necesitas, pega a un almohada. Saca y expulsa tu rabia. Hacerlo de forma controlada y con conciencia, es un ejercicio que a muchas personas les conecta finalmente con su propia rendición.

2- Practicar la autocompasión

Afrontar nuestros miedos sin prejuicios, con bondad y cordialidad es fundamental para poder gestionar el dolor.

La autocompasión, no es tener pena de nosotros mismos, sino ser amables con uno mismo. Esta práctica nos proporcionará más atención y satisfacción en nuestro día a día. Reduciremos la depresión, la ansiedad y el estrés.

Así que cada vez que nos sintamos abrumados por una situación, no te castigues, se amable contigo e intenta comprenderte, entenderte y analizarte para afrontar las cosas de manera diferente. Si tienes miedo, te aseguro que tienes motivos, y esos mismos un día te sirvieron para gestionar alguna dificultad. La cuestión ahora es, aceptar, agradecer a tus miedos su ayuda cuando fueron necesarios, y pactar con ellos una nueva forma de proceder.

Hacerlo así implica adquirir un nuevo hábito desde el amor hacía ti mismo, y también hacía los demás con empatía por sus propios miedos, dificultades y forma de ser.

Tu dolor es tuyo, solo tú lo puedes acoger, afrontar y superarlo, y esa es la única manera de aprender y salir fortalecido de él.

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3- Escritura expresiva

Un buen ejercicio para gestionar el dolor es practicar la escritura expresiva. Lo ha estudiado durante más de dos décadas James W. Pennebaker y estos son sus consejos:

  • Escribe durante 20 minutos
  • No te preocupes por aspectos formales. El texto es sólo para ti.
  • Elige un tema que te afecta y explora los pensamientos y sentimientos que surgen en torno a él. Sinceramente
  • Trata un asunto que sepas que puedes afrontar ahora.

Este estudio demostró que 6 semanas después los participantes que practicaron la escritura expresiva, se sentían más saludables y felices que las personas que escribieron sobre temas más superficiales.

Sacar nuestros secretos y pensamientos más ocultos aunque sea solo para leerlo nosotros mismos, resulta una liberación de todo lo que escondemos.

Acepta además la causa de tu dolor emocional, y siente lo que sientes con compasión -sin pena- por ti mismo, por los hechos y por todas las personas implicadas. Haz las paces contigo mismo y con el mundo, sinceramente y de corazón, hasta donde seas capaz, en este momento. Y este será el mejor regalo que te habrás hecho a ti mismo. Créeme…

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4- Enfréntate a tus miedos

Aprender a gestionar el miedo no siempre es fácil, y para ello debemos que poner en marcha un conjunto de habilidades. Practicar la resiliencia, con algunos ejercicios, nos ayudará a lidiar con las dificultades cuando surgen y también nos prepará para desafíos futuros.

Para lograr superar el miedo en situaciones que nos superan en el día a día y se interponen en nuestra vida, como por ejemplo el miedo a hablar en público, el miedo a las alturas, el miedo a sentirnos inferiores, a quedar en evidencia etc… Estos son miedos cotidianos, y a los que puedes poner remedio de forma  inmediata, afrontando y gestionando directamente el dolor emocional que lo causa. Por ejemplo una persona a la que le de miedo hablar en público, es posible que su dolor emocional sea hacer el ridículo, exponerse, miedo a la crítica… Y para gestionarlo, además de reconocerlo, tendrá que dar pequeños pasos, empezando hablando en grupos pequeños hasta que se sienta cómoda e ir incrementando poco a poco el desafío hasta que legue a dar una conferencia o una entrevista en televisión. Por cierto, muchos de los personajes más mediáticos se consideran todavía grandes tímidos, que gestionan su timidez brillantemente.

El reto siempre nos lo marcamos nosotros, y seremos nosotros quienes decidamos dar un paso más. Es posible y éxito seguro exponerse lentamente y poco a poco hasta superar lo que nos da miedo. A esta práctica la llamamos “terapias de exposición”. Someterte a lo que te da miedo hará que tu cerebro poco a poco se habitué y deje de verlo como una amenaza.

Beatriz-Palá-Calvo

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