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¿Que tipo de comunicador eres?

La comunicación es un eje fundamental en nuestra vida, según somos así nos expresamos, comunicamos e interactuamos, para tener unos u otros resultados. El coaching y la PNL ponen sus herramientas con conciencia al servicio de la comunicación y de las personas, para su crecimiento consciente.

En esta ocasión y de la mano de Virginia Satir quiero compartir un resumen de los cuatro patrones universales incongruentes y uno congruente funcional, de estilos de comunicación personal que ella identificó.

Esta es una información muy valiosa para quienes quieran conocerse más y mejorar su comunicación. Si quieres identificar quién eres tú en este momento y también conocer a otras personas a través de su patrón de comunicación, lee lo que subyace detrás de cada uno de ellos. Está será una gran ayuda para ponerte en los zapatos del otro y también tomar conciencia de ti mismo, de dónde estás y dónde puedes estar.

Tipos de comunicadores, según Virginia Satir

1- El Aplacador 

El aplacador es aquella persona que ante todo desea agradar y sobretodo no contrariar a los demás.

Busca la aprobación y el amor de los demás, anteponiendo sus deseos a los de los demás. Tiene poca consideración por sus derechos y necesidades y muestra una actitud servil. Tiende a desvalorizarse, y a sentirse inferior y no merecedor. Complaciente y suplicante busca la aprobación y aceptación de los demás, casi a cualquier precio.

En lo profundo la autoestima del aplacador está dañada en gran medida y se creen inferiores e incluso responsables de lo que ocurre a su alrededor. Se consideran víctimas y desvalidos e insuficientes para ellos mismos, y por supuesto para los demás. Sienten miedo, soledad y tienen sensación de dependencia.

Las frases más recurrentes del Aplacador son del estilo:

  • “Como tú digas está bien”
  • “Lo que tú quieres me parece bien”
  • “Tú decide que yo acepto lo que lo decidas”
  • “Lo siento mucho, no fue mi intención, discúlpame…”
  • “No valgo nada, , yo tengo la culpa”

En lo profundo la fantasía del aplacador es agradar, ser aceptado, si bien con su actitud de víctima consigue que no se le tenga muy en cuenta, pues a ojos de los demás, al aplacador le falta capacidad de decisión, fuerza y coraje.

Si el aplacador conoce sus verdaderos deseos y aprende a comunicarlos se convertirá en una persona con una vida más plena para él mismo y las personas con quienes interactúa. Porque aunque en el corto plazo su técnica le funcione, con el tiempo tiene consecuencias y puede acabar siendo rechazado que es precisamente lo que más teme.

Qué hacer:

Si te sientes identificado con el aplacador, pregúntate ¿Hasta qué punto me gustaría estar muy cerca de otra persona muy aplacadora?

¿Qué pasaría si fuera un comunicador más funcional? Sigue leyendo…

2- El Acusador

El acusador tiene el hábito de evaluar y criticar. Siempre encuentra los errores de los demás, es autoritario y dictatorial. En ocasiones hace uso de palabras de desaprobación y descalificación. Su voz es dura, tensa y a menudo aguda y ruidosa.

Con frecuencia trata de imponer sus criterios y opiniones, pues su objetivo es ganar y tener la razón, aun a expensas de los intereses y demandas de los otros. Suele señalar con un dedo acusador y sus palabras, tono y lenguaje corporal transmiten inculpación y desacuerdo.

Es poco tolerante ante quienes discrepan de él. Para tal fin busca resaltar los defectos de los demás para culparlos. Suele pasar por alto los derechos y necesidades de los demás, pues sólo importan los suyos propios. La manera de afirmarse es restando importancia o negando las necesidades, intereses, criterios del otro o del contexto. El acusador manda, y no le importa rebajar a los demás, pues con los fallos y acusaciones de los otros se crece y cree hacerse más fuerte.

Las frases más recurrentes del Aplacador son del estilo:

  • “Por qué hiciste eso”
  • “Siempre comentes el mismo error”
  • “Tú tienes la culpa”
  • “Yo soy quien manda aquí y tengo la razón, es como yo digo y punto”
  • Utilizan las expresiones excluyentes: “nunca”, “ninguno”, “jamás”… 

En lo profundo el acusador ve en los defectos de los demás los suyos propios y su propia insatisfacción personal. Son personas que no están contentas con su vida ni con nada de lo que les rodea. Al trato son difíciles y se encuentran con un aplacador tienen a su víctima perfecta.

Internamente el acusador tiene también una baja autoestima, siente rabia, miedo, inseguridad y soledad y, no se considera a sí mismo gran cosa. El modo en como lo compensa es a través de los otros a quienes hace pequeños a su costa.

Qué hacer:

Si te sientes identificado con el acusador, pregúntate ¿Es posible que otras personas puedan aportarte algo que me ayude? ¿Qué beneficios puedes obtener comunicando y también escuchando? ¿Qué pasa si pruebo a no juzgar, por una vez de antemano? Si lo haces, estarás dando la oportunidad para que la comunicación ocurra, y eso genera mayor satisfacción para todas las partes. Sigue leyendo…

3- El super razonable

El super razonable, se muestra calmado, más bien frío , no demuestra sus emociones. Es correcto, lógico y razonable en exceso. Según Virginia Satir, los super razonables, se guían por la siguiente norma: » Di las palabras correctas, no demuestres sentimientos, no reacciones». Su actitud es estereotipada y muy estudiada, lo contrario a la espontaneidad y flexibilidad. Su comportamiento y reacciones siempre están basados en opiniones de expertos, leyes, argumentos científicos, figuras de autoridad bajo las que se aparan y muestran su conocimiento y perfección, de un modo que ellos creen es objetiva e irrefutable.

En lo profundo estas personas se sienten profundamente vulnerables y débiles, y su mecanismo de defensa es  desconectarse de sus emociones, para parecer perfectos.

Suelen ser introvertidos y de trato amable pero su lejanía emocional hace que no conecten con las personas de centro a centro. Aunque pueden despertar admiración por el gran misterio que pueden representar acaban creando una barrera de distancia entre las personas y están bastante solos.

El super razonable utiliza frases del estilo:

  • “Según dijo tal autor”
  • “Tal como lo expresa la ley…”
  • Y en general se remiten a citas de otras personas o autores.

Qué hacer:

Si te sientes identificado con el modelo superrazonable puedes tratar de decir en alguna ocasión: “esto no lo sé” “Existen muchos puntos de vista y yo no los conozco todos” No eres perfecto, y aún así puedes comunicar y comunicarlo. Otra buena herramienta de coaching es que trates de conectar con la emoción de sorpresa de cuando niño al descubrir algo, y también con su inocencia. Entonces no hay perfección y tampoco importa.

Pregúntate: ¿Existe algún beneficio para ti si puedes mostrarte vulnerable? Es un gran aliviado y las demás personas agradecerán que, como ellos, tampoco seas perfecto. Sigue leyendo…

4- El Irrelevante

Son personas de las que dirías que “no están centradas”. Viven en su mundo. Le cuesta asumir responsabilidad. Tienen una atención dispersa, baja capacidad de escucha y juegan al rol del distractor.

En una conversación no interactúan con los demás al hilo de la misma, sino que van por libre. Hacen preguntas a destiempo, que nada tienen que ver con lo que se está hablando e ignoran las preguntas que se les formulan y responden explicando algo que nada tiene que ver con lo que se está hablando. En definitiva el irrelevante no toma en serio los intereses y necesidades propias, ni las del otro, ni las del contexto.

En la gestión de conflictos se muestra esquivo y evita la confrontación, evitando resolverlos.

El irrelevante en lo profundo se siente aturdido y cree no importarle a nadie y no tener sitio en ningún lugar.

Qué hacer:

Si te sientes identificado con el irrelevante puedes tratar de centrarte en una conversación como espectador atento. Permanecer presente en la conversación y al final de ella tomar tu momento para intervenir sobre algo de aquello de lo que se habla. Practica el arte de la escucha, y poco a poco hazte visible al hilo de lo que ocurre, cuanto más practiques más disfrutarás de los demás, y los demás contigo.

5- Congruente Funcional

Virgina Satir también menciona un modelo de comunicación congruente que es un estilo más asertivo y afirmativo de la comunicación. Lo que ella llama la Comunicación Funcional.

Esta comunicación se da cuando es fluida, directa, natural  y honesta, y ello es así cuando la persona:

  • Es consciente de sus emociones, pensamientos y conductas, por lo que es capaz de responsabilizarse por sus actitudes y conductas.
  • Muestra congruencia y coherencia entre lo que expresa, lo que dice, y su lenguaje corporal .
  • Pide aclaraciones cuando se le piden o cuando la otra persona desea verificar o parece no comprender. Verifica lo dicho para compararlo con lo escuchado y así determinar si ha comprendido bien.
  • Es un comunicador valiente, con coraje, no teme ir al enfrentamiento y a la vez siempre respeta la autoestima de su interlocutor. Demuestra franqueza y respeto al hablar y al escuchar.
  • Es abierto y franco en sus planteamientos, optando por un modelo colaborativo que propicie los acuerdos ganar – ganar para la solución de conflictos.

En definitiva el comunicador congruente es responsable, creativo, integrado, productivo y está presente. Pone límites, habla claro. No juzga ni acusa. Administra su tiempo. No interfiere, ni protege, no bloquea, no transmite dobles mensajes. Es directo y específico. Diferente y también complementario. Es claro y consciente de sus propias necesidades y tiene en cuenta las del otro y el contexto en el que se desenvuelve.

El congruente utiliza frases del estilo:

  •  “Mi punto de vista es…”
  • “Creo conveniente proceder de la siguiente manera…”
  • “Estoy o no estoy de acuerdo con su posición”

Expresamos lo que somos y somos lo que expresamos.

Virginia Satir decía: “hay una relación entre la forma de comunicación de una persona y su nivel de autoestima”. El nivel en el que nos comunicamos es proporcional a nuestro grado de crecimiento, conocimiento consciente y desarrollo personal.

Todos, cada día, tenemos problemas que podemos, y debemos resolver mediante la comunicación. Si vamos afianzando el modelo  del Comunicador Funcional, iremos ganando relaciones personales mucho más sanas, más sinceras y nos encontremos mucho más a gusto con nosotros mismos y con los demás. Para ello es imprescindible conocer y desarrollar algunas habilidades y destrezas del lenguaje de la comunicación, y sobretodo aprender con conciencia sobre nuestras emociones y el manejo de las mismas, y eso requiere práctica pero sobretodo ganas y motivación para mejorar y sacar lo mejor de nosotros mismos.

“Siempre hay esperanza y oportunidad para cambiar porque siempre hay oportunidad para aprender” Virginia Satir


Comunicación Coaching

Beatriz-Palá-Calvo

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Las 10 CLAVES de la comunicación para la vida y el trabajo

1- Mensaje coherente

La comunicación no verbal debe de ir acorde con la verbal. Decir » ya sabes que te quiero» con cara de fastidio dejará a la otra persona peor que si no se hubiera dicho nada.

2- Emite un mensaje sin juicio

Expresa lo que sientes, pero potenciando el diálogo desde el no juicio. Muchas veces decimos: «Ya lo sabía, como siempre me has vuelto a fallar» y no damos oportunidad a que la comunicación fluya. Si quieres que exista un verdadero diálogo debes dar la oportunidad de la respuesta, y para ello es imprescindible que no realices un juicio de antemano. Piénsalo con sinceridad: ¿Qué pasa si alguien te dice a ti?: «Ya sabía yo que volvería a pasar…» «No sé para qué te digo nada, si…» «Contigo es imposible hablar…» Hablando así no se avanza, y sólo se consigue confirmar la premonición. Si quieres de verdad tener una buena relación, permítete brindar la oportunidad de escuchar a la otra parte, dejando que hable sin ser juzgada de antemano. Verás cómo cambia… No esperes a que los otros cambien, cambia tú y es muy probable que los otros cambien. Porque tu cambio genera cambios a tu alrededor. Pruébalo con pequeños actos, experimenta y déjate sorprender…

3- Practica la escucha activa

La escucha activa significa escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla. Es la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo, con cierta empatía, es decir, poniéndose en el lugar de la otra persona.

Identifica el contenido de lo que dice la otra persona, sus objetivos y sus sentimientos. Trata de entender lo que te quiere decir. Entender no quiere decir estar de acuerdo, sino aceptar y respetar. Cuando escuches, preguntarte a ti mismo: ¿Qué realmente me quiere decir?

Exprésale al otro que le escuchas con comunicación verbal (ya veo, umm, uh, etc.) y no verbal (contacto visual, gestos, inclinación del cuerpo, etc.). Demuéstrale que le estás escuchando de verdad.

Ayudarle a expresar sus sentimientos e ideas. «Explícamelo mejor, me gustaría conocer tu punto de vista con profundidad»

Mostrar el respeto y aceptación por lo que dice, aún si no estamos de acuerdo, con frases como esta: «Tu punto de vista me parece interesante, seguro que lo has pensado bien y por algún motivo lo crees así»  «Por mi experiencia y forma de ver las cosas, no comparto tu punto de vista, aun así te respeto a ti»

No interrumpas.

No cuentes «tu historia» cuando el otro necesita hablarte.

No ofrezcas ayuda o soluciones prematuras.

No rechaces lo que el otro esté sintiendo, por ejemplo: «no te preocupes, eso no es nada».

No contra argumentes. Por ejemplo: el otro dice «me siento mal» y tú respondes «y yo también».

Evita el «síndrome del experto», es decir tener las respuestas al problema de la otra persona, antes de que te haya contado la historia completa.

4- Discute los temas de uno en uno

No «aproveches» la discusión para reprochar otras cosas e iniciar varias discusiones al mismo tiempo. Es decir no saques a relucir los “trapos sucios” del pasado, no sólo no aporta nada provechoso, sino que despierta malos sentimientos. El pasado es bueno recordarlo si el resultado de entonces nos ayuda ahora para tomarlo como ejemplo de cómo solucionar situaciones. Pero es evidente que el pasado no puede cambiarse; por tanto hay que dirigir las energías al presente y al futuro.

5- Sé especifico

Ser específico, concreto, preciso, es una de las normas principales de la comunicación. Tras una comunicación específica, hay cambios; es una forma concreta de avanzar. Cuando se es inespecífico, rara vez se moviliza nada. Si por ejemplo, nos sentimos solos/as y deseamos más tiempo para estar con nuestra pareja, no le diga únicamente algo así: “No me haces caso”, “Me siento solo/a”, “Siempre estás ocupado/a”. Aunque tal formulación exprese un sentimiento, si no hacemos una propuesta específica, probablemente las cosas no cambiarán. Sería apropiado añadir algo más. Por ejemplo: “¿Qué te parece si ambos nos comprometemos a dejar todo lo que tenemos entre manos a las 9 de la noche, y así podremos cenar juntos y charlar?”.

6- Evita las generalizaciones

Los términos «siempre» y «nunca» raras veces son ciertos y tienden a formar etiquetas. Es diferente decir: «últimamente te veo algo ausente» que «siempre estás en las nubes». Para ser justos y honestos, para llegar a acuerdos, para producir cambios, resultan más efectivas expresiones del tipo: “La mayoría de veces”, “En ocasiones”, “Algunas veces”, “Frecuentemente”. Son formas de expresión que permiten al otro sentirse correctamente valorado.

7- Sé breve

Repetir varias veces lo mismo con distintas palabras, o alargar excesivamente el planteamiento, no es agradable para quien escucha. Produce la sensación de ser tratado como alguien de pocas luces o como un niño. En todo caso, corre el peligro de que le rehúyan por pesado cuando empiece a hablar. Hay que recordar que: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

8- Elige el lugar y el momento adecuados

Si no es el momento apropiado utiliza frases como: “si no te importa podemos seguir discutiendo esto en… más tarde”.

9- Practica el arte de las preguntas poderosas

El modo en cómo formulamos las preguntas tiene mucho que ver con la respuesta que obtenemos. Para ello te recomiendo que preguntes formulando las preguntas de un modo que inviten a la respuesta, tanto por lo que con ellas dices, como por el tono y postura de tu cuerpo. Si no juzgas de antemano, será muy fácil transmitirlo con la comunicación no verbal. Y respecto a la comunicación verbal, puedes realizar los siguientes cambios, y probar con ellos. Te sorprenderá el cambio que provoca en tu modo de relacionarte

Algunos ejemplos que te darán la pauta general, son:

  • “¿Por qué has hecho esto?”  prueba cambiarlo por “¿Qué te ha llevado a hacer esto? ¿Qué deseabas obtener con ello?”
  • ¿Por qué llegas tarde otra vez?» cámbialo por, “Llegas tarde ¿ha pasado algo?”
  • ¿Otra vez estás gritando?”  cámbialo por, “Te pido por favor que bajes el tono de voz”
  • “¿Por qué me críticas?”  puedes cambiarlo por, “Me gustaría que si algo no te gusta de mí, me ayudes a mejorarlo”

10- Sentido del humor

HUMOR COACHNGY por último y MUY IMPORTANTE, aplica el SENTIDO DEL HUMOR en la vida y en tu comunicación. Ríe, sonríe, experimenta y DISFRUTA

Una manera muy eficaz de cómo comunicarse bien con la otra persona es teniendo un buen sentido del humor. Es fácil darse cuenta que esto es cierto. Muchas veces quienes comunican bien nos caen bien y las personas que tienen un fuerte sentido del humor son más atractivas y exitosas.

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El poder de la palabra

El modo en Como nos comunicamos marca la diferencia para nosotros y también para los demás

Contribuir a que otros lo hagan, forma parte de nuestros logros