Impaciencia: ¿Cuáles son las consecuencias y cómo gestionarla?

impacienciaCuando contamos con una actitud positiva es fácil darse cuenta que nuestros día a día es diferente, pero no porque realmente lo sea, sino porque una actitud positiva nos permite disfrutar más, descansar mejor e incluso establecer mejores relaciones. Si nos vamos al otro extremo, en el que nos dejamos arrastrar por la impaciencia también comprobamos fácilmente que, las consecuencias de esta experiencia pueden afectar a la salud, reflejándose en cuadros e ansiedad y estrés.

Muchos pueden ser los motivos que nos generen la actitud causante de estrés y ansiedad. En lo concreto, y en este artículo, quiero centrarme en uno de ellos: la impaciencia. Sí, ser impaciente tiene consecuencias. Y, desde luego, lo suficientemente importantes como para prestarles atención.

Consecuencias de ser impaciente

La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte”.  Kant

1- Frustración

La impaciencia puede provocar impulsividad, respuestas rápidas, poco conscientes, coherentes, eficientes y meditadas. La frustración está entonces servida.  No controlar esta actitud puede traer problemas en las relaciones personales y laborales.

En general, las reacciones impacientes transmiten poca confianza en uno mismo, y también en quienes las reciben. Cuando esto ocurre, es muy frecuente entrar en el bucle de la impulsividad-frustración.

2- Nos impide disfrutar del momento

Es fundamental disfrutar de cada momento porque, aunque muchas veces no nos damos cuenta. Lo cierto es que cada momento que pasa no volverá. Y la impaciencia es el peor de los enemigos que podríamos tener en este sentido, ya que pone todo tu foco en lo que está por venir, impidiéndote disfrutar del aquí y del ahora, y de todo cuanto puedes crear en tu vida, con una actitud mucho más positiva, eficiente y feliz.

3- Afecta a nuestro estado emocional

La impaciencia afecta negativamente al equilibrio emocional. Las personas impacientes suelen ser exigentes, y vivir en un estado de irritación constante. ¿Por qué? Porque cuando la tensión por la falta de tiempo se perpetúa, los resultados no llegan o con dificultad tardan en hacerlo, las  emociones de dolor se instalan en el cuerpo físico y emocional de la persona. Las reacciones son entonces desmedidas respecto a lo que ocurre. Haciendo una similitud, por ejemplo, cuando estás nervioso y en tensión, cualquier pequeño ruido te altera, mientras que cuando estás relajado, el mismo ruido, apenas lo percibes. La impaciencia genera estrés, y con la cuerda tensa, prácticamente cualquier acontecimiento es motivo de mayor tensión. Este efecto es intenso, exponencial y un auténtico bucle de dificultad, del que necesitas salir.

VitalCoachingBarcelona-ImpacienciaPhoto by Alexander Lam on Unsplash

4- Puede afectar gravemente nuestra salud

La impaciencia no solo tiene consecuencias emocionales, sino que también las podemos sufrir a nivel físico. ¿Sabías que patologías como la hipertensión, la obesidad e incluso el envejecimiento prematuro pueden ser provocadas por un exceso de impaciencia?

Pues sí, así es… la impaciencia nos puede llevar a descuidar nuestra alimentación y, como consecuencia directa, puede generar obesidad. Además, está demostrado científicamente y avalado por múltiples estudios, que las personas impacientes tienen más probabilidades de sufrir hipertensión debido al estrés que soportan. Estás son sólo algunas de las consecuencias de la impaciencia, pero hay muchos otros factores de riesgo, derivados de ella, que afectan a nuestra salud.

5- Acelera el envejecimiento

La Universidad Nacional de Singapur y las de Berkeley y Pensilvania, han descubierto y publicado, en Proceeding of the National Academy of Science, que las personas más impacientes envejecen más rápidamente. Esto es así, debido a que sus telómeros (extremos de los cromosomas del ADN) son más cortos que los de las personas más serenas. Estas estructuras, que protegen al ADN de su degradación, están asociadas a la longevidad, y los científicos creen que cuanto más rápido desaparecen estos, antes envejecemos.

¿Cómo gestionar la impaciencia?

Ya conoces algunas de las consecuencias de la impaciencia, y la buena noticia es que puedes cambiar y gestionar tu impaciencia. Sí, la impaciencia es una actitud aprendida. Y del mismo modo que la aprendimos, la podemos desaprender para aprender nuevamente como queremos vivir.

Aun así,  me gustaría que entendieras que no se trata de erradicar la impaciencia, eso sería lucha contra un gran gigante. La clave está en educarnos en emociones, de manera que, cuando aparezca la impaciencia, no logre hacerse con el control y nuble nuestra capacidad para pensar y actuar. Para hacerlo, los siguientes 4 pautas, te ayudarán enormemente:

1- Provoca la actitud de tu confianza.

La inmediatez en la respuesta y resultados, no se logran por la impaciencia desmedida, sino por la confianza en tus resultados.

Si vives con impaciencia, te pido que escojas “algo” que te impaciente en este momento. Párate, tómate un tiempo para mirar con distanciamiento, analizar que quieres y que vas a hacer, pensando en la solución y objetivo que quieres alcanzar.  Según sea la situación, dos minutos de reflexión, serán suficientes. Si el asunto es importante, puede requerir de más tiempo. Realiza entonces un análisis más exhaustivo, mira con nuevas perspectiva, e incluso, si lo precisas, pide ayuda externa. Te recomiendo que lo valores, pues si lo piensas bien lograr tus objetivos bien merece toda tu atención, dedicación y tiempo. Sea cual sea tu decisión, empieza a vislumbrar la imagen de solución de lo que quieres lograr, creyendo que es posible. Cuanto más lo creas mayores serán tus posibilidades, confianza y capacidad de gestión.

A veces, para avanzar de verdad, necesitamos parar, y… hacer “algo” diferente

Impaciencia-VitalCoachingBarcelonaPhoto by Eli DeFaria on Unsplash

2- Genera tu visión

Cuando hayas proyectado tu imagen de solución, es decir, cuando te veas con el resultado de lo que quieres, como logrado, busca el beneficio de lo que haces a corto, medio y largo plazo, dándote cuenta de que la mayoría de las veces merece la pena esperar y tener paciencia, porque el beneficio será mayor. Organiza tus pasos y acciones, en relación a la visión de lo que quieres, y sabiendo que tienes que hacer para lograrlo.

3- Tus 5 minutos al día

Cinco minutos al día te cambiarán la vida. Empieza con este tiempo, si luego decides dedicarle más, estupendo. Por el momento, toma aire, inhalando profundamente por la nariz y exhalando por la boca. Respira luego con normalidad y con conciencia corporal, es decir dándote cuenta de que tomas aire y de que lo expulsas. Al inhalar, tomas el aire de la vida, te nutres de ella, al exhalar expulsas aquello que te sobra. Hazlo en calma, a ser posible en una posición cómoda -sentad@ o @- fuera de ruidos y distracciones externas. En este estado de tranquilidad, conectad@ con tu respiración, déjate sentir e inspirar.

4- Sonríe

La sonrisa es un antídoto contra el estrés. Cuando ríes tu cerebro se relaja y transmite esa misma información a todo tu cuerpo físico y emocional. Practica tu sonrisa y hazlo tanto como puedas. Esta te conectará con tu paz interna, y con las demás personas en una actitud más confiada, optimista y serena. Y si… no crees tener motivos para sonreír, búscalos, porque sí, siempre los hay. Sobre ello, y los beneficios de tu risa y de tu sonrisa, puedes leer más en este artículo “Tómate la risa en serio” 

Y tú, ¿eres una persona impaciente? ¿Qué medidas estás tomando para controlar las consecuencias negativas que te genera esa impaciencia? ¡Cuéntame! Me encantará saber un poquito más de ti y de tu experiencia. Y, si puedo ayudarte lo haré encantada. 
Mientras tanto… comparto contigo el artículo “¡Lo quiero YA!” en el que abordo la importancia y el cómo lograr gestionar la impaciencia e ir “paso a paso”

Beatriz-Palá-Calvo

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