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6 pasos para controlar tus emociones en el trabajo

Pasos que puedes seguir para controlar tus emociones en el trabajo-Vital Coaching Barcelona

La manifestación de ciertas emociones pueden crearnos problemas y dificultades, especialmente en el trabajo.

Si eres de los que no puede esconder lo que siente; tu cara lo dice todo, se te notan las emociones, por ejemplo, de ira, a la hora de hablar, entonces es momento de que aprendas a pensar positivo, cuando todo va mal, calmar y gestionar la mente, a tu favor.

¿Que dice tu cara?

Dicen que la cara es el reflejo del alma, y lo cierto es que cuando algo nos sienta mal, emitimos pensamientos a la misma altura que esas emociones. En realidad, toda expresión de algún modo está mostrando al mundo cómo piensas y sientes respecto a una situación, o a un estímulo en particular. Necesitas gestionarlo.

¿Por qué? Porque hay ciertas situaciones que nos generan emociones incómodas y difíciles de gestionar. Por ejemplo, cuando nos asalta la rabia, el ira, el enfado, etc, muchas veces se nota, y no sabemos guardar la compostura.  No se trata de evitar sentir tu emoción, sino de evitar actuar “sin filtros”, cosa que podría tener consecuencias en el trabajo y en la vida. En cambio, en la vida y en el trabajo, cuando aprendes a gestionar y controlar tus emociones de forma favorable, con profesionalidad y aplomo, puedes lograr grandes beneficios.

¿Cómo gestionar y controlar mis emociones, en el trabajo?

A priori, podría parecerte difícil, sin embargo, siempre hay formas para lograr que, en ciertos momentos de tensión en el trabajo, logres tranquilizar tu mente. El objetivo, tu objetivo es no perder nunca tu profesionalidad.

No es malo sentir cosas, pero si es negativo dejar que estas emociones manejen tu trabajo y vida. 

A continuación, te brindo los siguientes “tips”, con seis pasos que puedes seguir, para controlar tus sentimientos y emociones en la oficina:

6 PASOS PARA CONTROLAR TUS EMOCIONES EN EL TRABAJO

1- Identifica el sentimiento, analízalo, y acéptalo

Ante una situación que te tensiona, pregúntate: ¿qué sientes exactamente? Identifica tu emoción: ¿es rabia?, ¿miedo?, ¿tristeza?, ¿sientes nervios?, ¿envidia? Es fundamental que sepas que es lo que sientes, pues solo así podrás ganar el control sobre el sentimiento. Una vez logres identificarlo, analiza el porqué de este. Traza tu día, los movimientos, las interacciones, todo lo que haya llevado a que surja esta emoción. Ya cuando lo hayas estudiado, es hora de aceptarlo. Si logras aceptar que existe el sentimiento, pierde un poco de fuerza, y se puede disipar.

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2- Recuérdate a ti mismo tus virtudes y éxitos

En lugar de pretender evitar o dejar de pensar en la emoción—cosa que nunca es realmente posible—enfoca tu energía en recordar otras cosas. Si logras reenfocar tu mente en cosas positivas, como tus habilidades, tus logros, tus metas, tus éxitos etc., lograrás que la emoción disminuya, y poco a poco puedes hasta olvidarla sin siquiera darte cuenta.

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3- Meditación rápida

Encontrar tiempo y espacio para meditar en tu oficina puede ser tarea complicada, pero no tienes que invertir mucho tiempo en hacerlo. Ve a un lugar tranquilo—quizás el baño, o la cocina—y siéntate. Cierra los ojos y concéntrate en un pensamiento concreto. Puede ser tu mascota, tu casa de campo, tu familia, o cualquier cosa que te ayude a sentir felicidad y calma. Toma unos minutos y procura solo pensar en esa única cosa, mientras lo haces, también enfócate en tu respiración. Haz tres respiraciones profundas, inhalando por la nariz y exhalando por la boca. Luego respira con normalidad y hazlo muy despacio, prestando atención únicamente a tu respiración.

4- Escribe

En lugar de expresar tu emoción por medio de palabras, o expresiones corporales o faciales, ¿por qué no escribir lo que estás sintiendo? La escritura es una forma muy sana y terapéutica de expresar y dejar salir tus sentimientos, además de esta forma, no corres el riesgo de herir a nadie. Claro, si es algo que puede perjudicarte, escríbelo en un diario personal, o hasta en un papel que después destruyas. El solo acto de escribirlo ya te hace sentir mejor y la emoción disminuye de a poco.

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5- Háblalo con una persona cercana

Obviamente hablar de tus sentimientos en mitad del día de trabajo no es algo común, pero sí puedes hacerlo siempre y cuando lo hagas con alguien que no tenga nada que ver con tu vida laboral. Si vas a decir algo, vete a un lugar privado, y procura que sea lejos de los demás empleados. Una vez estés lejos, llama o envíale un mensaje a una persona que te sepa escuchar y entender, pero que no te juzgue y que tal vez te dé consejo o palabras de aliento para salir de ese momento emocional. En esta conversación, procura no criticar, sino de exponer los hechos y tus emociones tal como son para ti, y con sentido de la auto responsabilidad.

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6- Si es necesario, toma un día personal

Muchas empresas permiten a sus empleados tomarse días personales. Date la oportunidad de calmar tu mente y tus emociones con un día libre, si es que es necesario. Saber parar y decir que necesitamos un rato libre puede resultarte de gran ayuda en estos momentos, y te puede hacer mejor persona. Siempre es mejor admitir que necesitamos tiempo personal, a perjudicar nuestro trabajo y desempeño.

Controlar las emociones en el trabajo, nos permite mantener la calma y tomar distancia, de este modo podremos gestionar, y hacer frente positivamente a situaciones difíciles en el trabajo. 

Si después de estos pasos, sigues teniendo dificultades en el manejo emocional, te ayudará e inspirará, leer este artículo: 8 estrategias para calmar la ira emocional, así como también algunos de estos libros de superación personal, que espero te resulten de interés y útiles.

Y, si la dificultad persiste, se hará necesario, además de gestionar la emoción «in situ», una revisión más profunda de la situación, de tus emociones, de sus causas y de las medidas que requieres emprender para un posible cambio. Muchas veces, la dificultad, especialmente si es persistente, es una señal que nos muestra «algo» más que debe ser revisado y/o cambiado. Tómalo como una oportunidad, pues si actúas con agilidad y conciencia, puedes lograr grandes cambios positivos y mejoras en tu vida.

 

Beatriz-Palá-Calvo

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Hablar y comunicar son dos cosas muy diferentes

hablar y comunicar son dos cosas diferentes

Hablar y comunicar son dos cosas muy diferentes. Es necesario hablar para comunicar; pero comunicar es mucho más que hablar. Comunicar implica hacer que el mensaje llegue de forma clara para ser escuchado y, sobre todo, que pueda ser entendido.

Comunicar no es tarea sencilla, ya que lo que decimos no solo debe reflejar fielmente lo que pensamos y justo lo que queremos decir, sino que el discurso debe poseer coherencia y ser entendido por quien lo escucha. Si lo que decimos no reúne esas tres características, no estamos comunicando, quizá simplemente estamos hablando (a lo mejor por hablar).

Es importante que el mensaje sea escuchado

Comunicar implica que el mensaje sea escuchado y para ello debemos aprender y saber captar la atención de la persona o personas a las que nos dirigimos.

A todos nos ha pasado alguna vez que tenemos la sensación de que no nos escuchan y así no es entendido nuestro mensaje.
En este caso el problema es la conexión con la persona o las personas a las que nos dirigimos; o más bien que existe una desconexión. Para romper esa barrera es necesario captar la atención de la persona a la que nos dirigimos. Y aquí tiene mucho que ver lo que decimos y cómo lo decimos. No lograremos conectar igual con los demás si les preguntamos «¿me estás entendiendo?«, que si les decimos «no sé si me he explicado bien«.

Te invito a poner esto en práctica y comprobar por ti mismo/a la diferencia…

¿Cómo comunicar?

Hemos hablado antes de la importancia de que el interlocutor escuche, pero además de escuchar es fundamental que entienda el mensaje. Si logramos que la otra persona escuche y entienda el mensaje, habremos logrado el cometido de comunicar correctamente.

La actitud es también muy importante para lograr el objetivo. Si quieres comunicar, emite tu mensaje de forma clara y también calmada; ten paciencia y ofrece a la otra persona el tiempo que necesite para procesar lo que le has dicho.

Beatriz-Palá-Calvo

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Aprende a decir no

aprender-a-decir-noResulta más frecuente de lo que puede parecer que nuestra infancia esté marcada por la insistencia de querer borrar de nuestro vocabulario la palabra «no», el decir «no quiero». Muchos son los adultos que identifican esta expresión o una negativa a la mala educación. Craso y caro error. Y es que educar a un niño bajo esta premisa, lejos de ayudarlo a gestionar lo que quiere y lo que no, lo lleva de cabeza a la sumisión… algo que, tarde o temprano, le provocará problemas la hora de decir «no».

Las pautas que nos marcan desde muy pequeños a nivel social, en muchas ocasiones nos obligan a olvidarnos de nosotros mismos. Y ello puede afectar de manera directa a nuestra autoestima… Es importante entender y hacer entender a los más pequeños de la casa que decir no, no es el problema; lo que sí deriva en graves problemas es el decir sí cuando en realidad queremos decir no.

Existen ocasiones en las que no es posible decir ‘no’. Sin embargo, aunque no podamos negarnos, sí podemos mostrar, expresar, manifestar de la mejor forma posible nuestro desacuerdo, en definitiva SI podemos ser asertivos

Por lo general, cuando se trata de personas a las que no conocemos, nos resulta más sencillo decir no. Es el caso de las personas que en la calle que nos piden dinero; en estos casos por lo general no dudamos en decir ‘no’ si realmente es lo que queremos decir. Pero otro cantar es cuando nuestro jefe nos pide quedarnos a una reunión una vez finalizado el horario laboral, por ejemplo o cuando un amigo o familiar nos llama en nuestro día descanso para que le hagamos un favor; en estos casos no nos suele resultar tan fácil pronunciar el ‘no’.

Muchas veces decimos sí de manera automática cuando en realidad no queremos, no nos apetece o incluso no podemos. Y lo hacemos porque no somos realmente conscientes de las dificultades que nos puede generar ese no. Muchas veces olvidamos que decir ‘no’ es un derecho que tenemos todos; tenemos derecho a decir no cuando queremos decirlo, y los demás también tienen derecho a decirnos no. Nuestro derecho al no lo debemos aplicar; el derecho de los demás lo debemos aceptar.

Decimos sí cuando en realidad queremos decir no impulsados por el miedo: miedo al rechazo, miedo a perder el empleo, miedo a lo que piensen los demás… y el resultado es un total sometimiento, un castigo autoimpuesto.

El primer paso para acabar con el falso mito de que decir ‘no’ es algo malo es aceptar su verdadero sentido: no es malo, no es negativos, no es de mala persona; decir ‘no’ es simplemente una opción.
El segundo paso es que lo verdaderamente malo puede ser decir sí, cuando en realidad no es lo que se desea… Y es que actuando de esta forma machacamos nuestra autoestima y ofrecemos alimento a las inseguridades, la ansiedad y el estrés.

Ser del agrado de todo el mundo no sólo puede convertirse en un desgaste emocional demasiado grande. Igual que de pequeños, a muchos, nos han enseñado a nunca decir no, podemos aprender a decirlo. ¡Claro que se puede aprender a decir no!
El kid de la cuestión no está en decir no, radica en cómo se dice. A continuación te dejo algunas pautas que te pueden ayudar a aprender y comenzar a decir no:

  • La empatía es fundamental a todos los niveles de nuestra vida. Y a la hora de decir no, es muy importante recurrir a ella. Cuando decimos no a otra persona debemos decirlo de manera amable, haciéndole saber a la otra persona que entendemos su situación y explicarle por qué no es posible complacerle; pero sin caer en el error de caer en un sinfín de justificaciones, la explicación debe ser clara, breve, concisa y amable.
  • No se trata de ofrecer un no rotundo y dar el tema o la conversación por concluida. Siempre puedes ofrecerte a buscar otras alternativas, por ejemplo.

Lo cierto es que decir ‘no’, no es fácil. Nadie dijo que lo fuera… Es algo que no sólo tardamos en aprender, sino que incluso nos cuesta mucho interiorizar, pero se puede lograr. Y merece la pena ponerse a ello porque, con el tiempo, siempre ofrecerá beneficios, tanto a nivel profesional como a nivel personal.

Decir SIY para practicar la asertividad, y el arte de decir NO, si quieres puedes leer mi anterior artículo al respecto, titulado « ¿Sabes deicr NO?»   Contiene reflexiones y pautas que espero sean de tu interés…

Y, ya para terminar y porque siempre que hablo de este tema recurro a esta frase, quiero ahora compartirla contigo: ¨Si has de ser esclavo de algo, que sea de tus deseos«. 

Beatriz-Palá-Calvo

Si lo has intentado muchas veces, y no lo consigues

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La importancia del feedback dentro las empresas

feedback

La comunicación es, sin duda, uno de las aptitudes más importantes en un trabajador o profesional. Y en cualquier organización es de vital importancia que exista una comunicación directa entre las diferentes personas que trabajan en ella para que las relaciones y y también el rendimiento, se produzcan de la manera más efectiva. Sobre comunicación, y más concretamente comunicación ascendente y descendente dentro de la empresa y de los diferentes tipos de feedback y su importancia, hablaré a continuación…

Comunicación descendente

La llamada comunicación descendente es la que se realiza para enviar mensajes de los superiores a los subordinados. Y el principal objetivo de esta comunicación es proporcionar la información e instrucciones suficientes para un correcto desarrollo de las actividades y el trabajo.

Quizá la comunicación descendente más común es la que va dirigida a los empleados. Sin embargo, es también muy importante y necesaria la comunicación que se realiza desde la dirección de las empresas hacia los gerentes de la misma.

Existe dentro de la comunicación descendente, la llamada ‘trampa de la actividad‘. Es cuando se cambia cambia el énfasis hacia el objetivo por la ejecución. Ocurre con frecuencia que el personal realiza actividades que en su momento tenían un objetivo claro y definido, pero con el tiempo no han sido reconsiderados o redefinidos y se trabaja sin tener claro hacia dónde van encaminadas las actividades que realizan.
A este respecto es fundamental que se revisen con frecuencia las metas, los planes de trabajo y, por supuesto, los objetivos. Y además es necesario que esas revisiones se comuniquen de manera efectiva a los empleados desde la gerencia.

Son más frecuentes de lo que parecen los casos en los que, a pesar de que desde la gerencia se considera que comprenden las necesidades de comunicación del personal, los empleados no consideran lo mismo.
Es por ello que mantenerse en una escucha activa y mostrar continuo interés por las opiniones e impresiones de los trabajadores, resulta tan importante, en pro de una mayor eficacia en el desempeño de las actividades y también para que las precauciones sean las adecuadas en cada momento.
Ofrecer de forma clara las instrucciones de trabajo a los empleados; retroalimentar el desempeño; y hacer que los mensajes lleguen en forma de noticias, a modo de nueva información en el momento adecuado. Estas son las claves para generar confianza y crear un ambiente de trabajo favorable que contribuya al correcto desempeño de cada una de las personas que componen el equipo.

Comunicación ascendente

En este caso, se trata de la comunicación que se realiza desde los subordinados hacia los superiores. Y el principal objetivo de ella es convertirse en un canal a través del que la administración de la empresa conozca y sea consciente de las opiniones e impresiones de los trabajadores; hecho que aporta una gran información acerca del clima organizacional.

Es tan importante como la anterior por muchos motivos, algunos de ellos son:

Ofrece, como decía, una valiosa información sobre el clima organizacional de la compañía. Además permite enfrentarse a quejas o problemas de baja productividad antes de que estos se conviertan en algo serio que afecte gravemente a la compañía.

Por otro lado, este tipo de comunicación permite a los empleados no sólo adoptar un papel activo en la toma de de determinadas decisiones, sino también aportar ideas que pueden ser de gran ayuda en determinadas ocasiones o proyectos.

Una buena comunicación ascendente ayuda a evitar tensiones y dificultades, ya que el hecho de que los empleados sientan que se les toma en cuenta, favorece la creación de un buen ambiente laboral.

En definitiva, la comunicación es la vía para crear un ambiente distendido y agradable que influya de manera positiva en la ejecución de las diferentes actividades a desempeñar y también en las decisiones.
Una buena comunicación, tanto de los superiores hacia los empleados, como al revés, favorece la creatividad, la aportación de ideas, la motivación… Y todo ello se verá reflejado en la productividad y el logro de los objetivos.

Beatriz-Palá-Calvo

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¿Atascado? Prueba este ejercicio de dialogo interno

¿Te cuesta decidirte y pasar a la acción?

¿Te pasa que por un lado quieres, pero por otro no? 

No eres el único, a esto se le llama diálogo interno.

Las personas de éxito saben y aprenden a abordarlo 

Se dueño de tu dialogo interior y, decide lo que te dices a ti mismo.

¿Practicas? 

¿Qué es el dialogo interno?

Diálogo interno Miedos Vital Coaching Barcelona Beatriz Palá

El dialogo interno es aquella voz que te habla dentro de tu cabeza. En realidad  eres tú mismo, en tus dos versiones, manteniendo una conversación infinita contigo mismo.

Es un poco como un disco rayado, que se repite incansablemente dentro de ti. Tiene el automático, y se activa en cualquier momento.

¿A quién escuchas?. Por un lado la ilusión y los si´s y por otro los noes con sus miedos y con tus creencias

Pero ¿Por qué me pasa esto?

Todos generamos un discurso interno. Si tenemos que tomar una decisión, por ejemplo, los argumentos de uno y otro lado inician su debate Por un lado tu corazón te pide a gritos avanzar, y por otro la mente mide los riesgos de cualquier supuesta dificultad y  lo pasa todo por el filtro del miedo, generando más de lo mismo, además de mucho agotamiento mental.

Tu parte racional necesita asegurar que tu paso adelante sea seguro. Te pregunta: ¿Tienes garantías suficientes de éxito?, porque si no, ni hablar. Esta parte de ti, la mental interpreta que estás poniendo en riesgo su status conocido y cree que no moverse es más seguro.

Se ha iniciado así el debate entre sueños y miedos. Y cuidado, porque el miedo tiene muy buenos argumentos para frenarnos y eso, muchas veces a pesar de lo incómodo que resulta la situación que quiere mantener.

¿Cuál es el riesgo?

Te sientes divido, agotado y sin recursos. Al final te quedas en el más de lo mismo, pensando que ya estás bien cómo estás. Mejor no cambiar, pues ya se sabe que: “mejor malo conocido que peor por conocer” Entonces te anclas en tu lugar

¿Cómo dejar de dudar y abordar el cambio?

PASO I: Evalúa las opciones y los riesgos

Si estás planteándote un cambio, pero algo dentro de ti se te resiste, escribe las opciones. Pregúntate y respóndete con sinceridad, para cada una de ellas a las siguientes preguntas:

    • ¿Qué te aportará haber logrado tú objetivo?
    • ¿Qué implicaciones negativas tiene lograr ese cambio para ti?
    • ¿Cuál es el riesgo de dar el paso?
    • ¿Qué pasará si te quedas en la misma situación que hoy tienes?
    • ¿Del 1 al 10, cuanto merece la pena?
    • Del 1 al 10 ¿Cuál es tu nivel de compromiso?

PASO II: Toma decisiones

Ahora ya sabes las implicaciones que tiene cada opción y debes decidir. Pregúntate y respóndete, por escrito:

    • ¿Lo vas a hacer?
    • ¿Qué vas a hacer? Si es así:
    • ¿Cómo lo vas a hacer?
    • ¿Qué  puedes hacer lograrlo con éxito?
    • ¿Cuál es tu plan de acción?
    • ¿Cuál será tu siguiente paso?

Paso III: Da un lugar a tus miedos

Si te has decidido a emprender tu cambio, entonces es probable que tu dialogo interno se active nuevamente. Tu parte más mental, está tan acostumbrada a hacerse con el poder que es probable que lo intente nuevamente. Tiene ese hábito y ahora debes practicar para cambiarlo. Piensa que estas dudas representan a tus miedos más profundos. No trates de obviarlos, pues les darías fuerza, y volverían a manejar tu vida. A cambio dales un lugar, concediéndoles un pequeño espacio de tu tiempo para que se sientan atendidos.

Paso III: Dialoga con tus miedos con conciencia

Vencer miedos Vital Coaching Barcelona Beatriz Palá CalvoEn la medida que le das un lugar a lo que te ocurre, y trabajas con la intención positiva de su mensaje, entonces podrás avanzar con la mente y el corazón unidos, para ser imparable. Pregúntale a tu dialogo interno

¿Qué te preocupa? Ahora que ya tienes evaluados los riesgos, podrás tranquilizarte a ti mismo. Dale las gracias por sus consejos, y dile que lo tienes en cuenta, y que con su permiso vas a hacerlo del mejor modo, tal como lo tengas previsto. Y, muy importante, dale un tiempo limitado, por ejemplo dos minutos para esta conversación. Si te extiendes más, si permites que esto se alargue no tendrá fin, y estarás de nuevo en la situación de partida.

 

Paso IV: Pacta situaciones óptimas para ambas partes

Pactar con tus miedos Vital Coaching Barcelona Beatriz PalláFinaliza tu dialogo con una propuesta positiva que haga que te sientas bien y con fuerza. Integra los dos mensajes en uno solo y siente la fuerza que esta unión te da, para ir hacía la acción y disfrutar del resultado, y también del proceso. Cada caso, requiere de una propuesta única y personal, así que la debes elaborar para ti de un modo exclusivo. Sabrás que está bien para ti, cuando sientas que estás de verdad bien y con fuerza para avanzar.

 

VENCE TUS MIEDOS Y PASA A LA ACCIÓN

Si quieres vencer tus miedos, y dar el salto, lo primero es darse cuenta de donde estás. El diálogo interno es muy sutil. Nada fácil de identificar, porque realmente no va de  cara. Se esconde en razones de peso muy bien argumentadas. Desmontarlas para pasar a la acción con libertad, requiere de mucha habilidad y, casi siempre de un punto de vista externo. Todo cuanto está en ti ya eres tú, y es excelente, la diferencia la marcarás decidiendo que haces con aquello que ya tienes.

Y SI…es posible…

Contacto Virtal Coaching Barcelona_Beatriz Palá

¿Sabes decir NO?

Hace muchos años, alguien me dijo «debes practicar la asertividad». Realmente no lo entendí bien porque la asertividad tiene mucho que ver con las creencias y las emociones. Y esa era mi primera barrera que, impedía que mi comprensión fuera instantánea… Suele pasar así cuando algo importante, debe ser revisado. Así que indagué, leí, hablé, consulté y creo que sí, que finalmente comprendí.

Ahora practico la asertividad como forma de vida, de un modo consciente. Eso no quita que alguna vez no deba revisar de un modo excepcional, mis propias dificultades para afrontar ciertas situaciones que se me hacen incómodas.

¿Qué es ser asertivo?  NO Decir SI, cuando quieres decir NO

Decir SI

La asertividad es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular ni pretender manipular a los demás.

Ser asertivo es respetar a los demás, saber pedir, saber negarse, opinar, negociar y ser flexible, respetando los derechos del otro y expresando nuestros sentimientos de forma clara.

La asertividad consiste también en hacer y recibir cumplidos, y en hacer y aceptar quejas. Es algo así como posicionarse, marcar límites, saber contextualizar y gestionar las emociones que se esconden tras un comportamiento sumiso.

¿Por qué no somos asertivos?

Muchos son los motivos por los que, a veces no nos atrevemos a decir NO, pero yo creo que uno de los más comunes es el deseo de pertenencia, de agradar, de ser aceptado.

SI acepto todo y no me opongo a nada, soy la persona cómoda que a todos gusta, entonces soy aceptada, y me siento parte integrante de la manada. De algún modo este es un recurso inconsciente para proteger el auto estima.

Pero, ¿Qué pasa en realidad?

Qué cuando respetamos la opinión de otros, por encima de la nuestra, nos perdemos el respeto a nosotros mismos. El esquema mental o el mensaje interno que nos decimos es algo así como… «Lo que yo piense o sienta importa poco o nada”

Todos merecemos ser escuchados y tenidos en cuenta. Cuando creemos que nuestro silencio es el mejor modo de sobrevivir, y nos resignamos a decir que aceptamos lo que no queremos, hemos iniciado un proceso imparable.

La persona cree que los demás no tienen en cuenta su opinión y se aprovechan de ella. Los sentimientos son de frustración, impotencia, ansiedad, temor. Cuando la persona llega a su límite, a veces puede tener explosiones agresivas incontroladas y desmedidas, que son el resultado de la tensión acumulada. Se refuerzan así los sentimientos de injusticia, desvalorización, etc…

¿Cómo saber si estoy siendo asertivo?

A veces, si no somos asertivos, tenemos la tendencia a aceptar y no confrontar la opinión de los demás. Para detectar si estás siendo honesto contigo mismo, puedes hacer un ejercicio de lectura de conciencia corporal. En el caso que no deseemos algo que se nos propone, se nos cierra el estómago, se nos seca la boca e incómoda algún lugar de nuestro cuerpo, y eso es porque no estamos siendo libres para opinar y decidir. Asumir lo que no deseamos realmente es un acto que nos perjudica más de lo que imaginamos a nosotros en primer lugar, y a la larga también tiene consecuencias negativas en el desenlace de la propia situación vivida. 

¿Por qué ser asertivo?

Cuando piensas de un modo asertivo, te expresas también asertivamente y entonces  la vida te va mejor. Mejoran las relaciones, eres más eficiente, productivo, aumenta tu autoestima y se está más cerca de alcanzar los objetivos que uno quiere.

Regla número 1: Para respetar la opinión de los demás, primero debes respetarte a ti mismo. Ten un buen concepto de ti mismo: Se lo transmitirás a los demás. Es importante tener autoestima. Recuérdate a ti mismo que eres tan importante como los demás. No te dejes intimidar.

Regla número 2: La asertividad tiene mucho que ver con la comunicación y con cómo nos comunicamos. Y a su vez la comunicación es un reflejo de cómo nos sentimos. Existen muchos modos de mejorar nuestra comunicación. Influye nuestro carácter, el cómo somos, que se ha forjado con los modelos adquiridos y experiencias de vida, y también es fruto de las circunstancias particulares del momento actual. Por ejemplo, no es lo mismo tener un jefe asertivo, que otro agresivo, así pues el modo en cómo abordarlo requiere una visión personalizada, debido a sus componentes particulares.

Algunos consejos Asertivos

    • Tener el objetivo claro: Para ser asertivo se requiere previamente reflexionar y conocer qué es aquello que uno quiere. Que está dispuesto hacer, hasta cuanto, a cambio de que y que no está dispuesto. De este modo se pueden marcar los límites y posicionarnos con destreza en  la comunicación, sin perder de vista nuestros objetivos.
    • Un acuerdo win-win es posible: Las relaciones no son para ganar o perder, sino que tienen como objetivo llegar a acuerdos favorables para las dos partes
    • Expresa sentimientos positivos, para iniciar la conversación: “Tus aportaciones son muy buenas, me gusta tu forma de trabajar”
    • Muestra firmeza con empatía: “Comprendo que estás muy ocupado, pero es imprescindible que tengamos la reunión acordada”
    • Da la razón en parte, pero sin ceder o cambiar tu posición. Si es posible llega a un acuerdo asertivo, admitiendo un error, pero sin generalizarlo a otras situaciones. Por ejemplo, puedes decir: «Si, me he equivocado, pero eso ha sido algo puntual, y sigo siendo un buen profesional”
    • Ganar tiempo o emplazar la respuesta: “No lo sé, tengo que revisarlo y necesito un tiempo para poder contestarte. Mañana te doy una respuesta”
    • Escuchar a la otra persona y demostrar tu interés por entenderla: Si me surgen dudas, o no estoy de acuerdo, pregunto, por ejemplo: ¿A qué te refieres con esto?
    • Mira a los ojos cuando hables con los demás. No se trata de intimidar, si no de demostrar seguridad en ti mismo.
“Para saber decir SI, antes tienes que saber decir NO”

Di no cuando quieras decir no. No seas una persona sumisa. Defiende lo tuyo, con firmeza y paciencia. En los momentos en que no estés de acuerdo, exprésalo, con respeto, di las cosas desde cómo tú las sientes sin culpar al otro. Los demás agradecerán tu honestidad.

Decir NO

 

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Comunicarse, mucho más allá de las palabras

En nuestra vida, en cada historia, siempre podemos encontrar el valioso diamente que la contiene. 

En este video, la protagonista sólo consigue lo que tanto anhela cuando descubre una clave inesperada.

Una lección para la vida y para el trabajo, pues en todas nuestras relaciones personales y profesionales, es bien probable que nos estemos perdiendo algo. Tal vez podamos mirar y ver, ver y mirar… Más allá de las palabras…

¿Que tipo de comunicador eres?

La comunicación es un eje fundamental en nuestra vida, según somos así nos expresamos, comunicamos e interactuamos, para tener unos u otros resultados. El coaching y la PNL ponen sus herramientas con conciencia al servicio de la comunicación y de las personas, para su crecimiento consciente.

En esta ocasión y de la mano de Virginia Satir quiero compartir un resumen de los cuatro patrones universales incongruentes y uno congruente funcional, de estilos de comunicación personal que ella identificó.

Esta es una información muy valiosa para quienes quieran conocerse más y mejorar su comunicación. Si quieres identificar quién eres tú en este momento y también conocer a otras personas a través de su patrón de comunicación, lee lo que subyace detrás de cada uno de ellos. Está será una gran ayuda para ponerte en los zapatos del otro y también tomar conciencia de ti mismo, de dónde estás y dónde puedes estar.

Tipos de comunicadores, según Virginia Satir

1- El Aplacador 

El aplacador es aquella persona que ante todo desea agradar y sobretodo no contrariar a los demás.

Busca la aprobación y el amor de los demás, anteponiendo sus deseos a los de los demás. Tiene poca consideración por sus derechos y necesidades y muestra una actitud servil. Tiende a desvalorizarse, y a sentirse inferior y no merecedor. Complaciente y suplicante busca la aprobación y aceptación de los demás, casi a cualquier precio.

En lo profundo la autoestima del aplacador está dañada en gran medida y se creen inferiores e incluso responsables de lo que ocurre a su alrededor. Se consideran víctimas y desvalidos e insuficientes para ellos mismos, y por supuesto para los demás. Sienten miedo, soledad y tienen sensación de dependencia.

Las frases más recurrentes del Aplacador son del estilo:

  • “Como tú digas está bien”
  • “Lo que tú quieres me parece bien”
  • “Tú decide que yo acepto lo que lo decidas”
  • “Lo siento mucho, no fue mi intención, discúlpame…”
  • “No valgo nada, , yo tengo la culpa”

En lo profundo la fantasía del aplacador es agradar, ser aceptado, si bien con su actitud de víctima consigue que no se le tenga muy en cuenta, pues a ojos de los demás, al aplacador le falta capacidad de decisión, fuerza y coraje.

Si el aplacador conoce sus verdaderos deseos y aprende a comunicarlos se convertirá en una persona con una vida más plena para él mismo y las personas con quienes interactúa. Porque aunque en el corto plazo su técnica le funcione, con el tiempo tiene consecuencias y puede acabar siendo rechazado que es precisamente lo que más teme.

Qué hacer:

Si te sientes identificado con el aplacador, pregúntate ¿Hasta qué punto me gustaría estar muy cerca de otra persona muy aplacadora?

¿Qué pasaría si fuera un comunicador más funcional? Sigue leyendo…

2- El Acusador

El acusador tiene el hábito de evaluar y criticar. Siempre encuentra los errores de los demás, es autoritario y dictatorial. En ocasiones hace uso de palabras de desaprobación y descalificación. Su voz es dura, tensa y a menudo aguda y ruidosa.

Con frecuencia trata de imponer sus criterios y opiniones, pues su objetivo es ganar y tener la razón, aun a expensas de los intereses y demandas de los otros. Suele señalar con un dedo acusador y sus palabras, tono y lenguaje corporal transmiten inculpación y desacuerdo.

Es poco tolerante ante quienes discrepan de él. Para tal fin busca resaltar los defectos de los demás para culparlos. Suele pasar por alto los derechos y necesidades de los demás, pues sólo importan los suyos propios. La manera de afirmarse es restando importancia o negando las necesidades, intereses, criterios del otro o del contexto. El acusador manda, y no le importa rebajar a los demás, pues con los fallos y acusaciones de los otros se crece y cree hacerse más fuerte.

Las frases más recurrentes del Aplacador son del estilo:

  • “Por qué hiciste eso”
  • “Siempre comentes el mismo error”
  • “Tú tienes la culpa”
  • “Yo soy quien manda aquí y tengo la razón, es como yo digo y punto”
  • Utilizan las expresiones excluyentes: “nunca”, “ninguno”, “jamás”… 

En lo profundo el acusador ve en los defectos de los demás los suyos propios y su propia insatisfacción personal. Son personas que no están contentas con su vida ni con nada de lo que les rodea. Al trato son difíciles y se encuentran con un aplacador tienen a su víctima perfecta.

Internamente el acusador tiene también una baja autoestima, siente rabia, miedo, inseguridad y soledad y, no se considera a sí mismo gran cosa. El modo en como lo compensa es a través de los otros a quienes hace pequeños a su costa.

Qué hacer:

Si te sientes identificado con el acusador, pregúntate ¿Es posible que otras personas puedan aportarte algo que me ayude? ¿Qué beneficios puedes obtener comunicando y también escuchando? ¿Qué pasa si pruebo a no juzgar, por una vez de antemano? Si lo haces, estarás dando la oportunidad para que la comunicación ocurra, y eso genera mayor satisfacción para todas las partes. Sigue leyendo…

3- El super razonable

El super razonable, se muestra calmado, más bien frío , no demuestra sus emociones. Es correcto, lógico y razonable en exceso. Según Virginia Satir, los super razonables, se guían por la siguiente norma: » Di las palabras correctas, no demuestres sentimientos, no reacciones». Su actitud es estereotipada y muy estudiada, lo contrario a la espontaneidad y flexibilidad. Su comportamiento y reacciones siempre están basados en opiniones de expertos, leyes, argumentos científicos, figuras de autoridad bajo las que se aparan y muestran su conocimiento y perfección, de un modo que ellos creen es objetiva e irrefutable.

En lo profundo estas personas se sienten profundamente vulnerables y débiles, y su mecanismo de defensa es  desconectarse de sus emociones, para parecer perfectos.

Suelen ser introvertidos y de trato amable pero su lejanía emocional hace que no conecten con las personas de centro a centro. Aunque pueden despertar admiración por el gran misterio que pueden representar acaban creando una barrera de distancia entre las personas y están bastante solos.

El super razonable utiliza frases del estilo:

  • “Según dijo tal autor”
  • “Tal como lo expresa la ley…”
  • Y en general se remiten a citas de otras personas o autores.

Qué hacer:

Si te sientes identificado con el modelo superrazonable puedes tratar de decir en alguna ocasión: “esto no lo sé” “Existen muchos puntos de vista y yo no los conozco todos” No eres perfecto, y aún así puedes comunicar y comunicarlo. Otra buena herramienta de coaching es que trates de conectar con la emoción de sorpresa de cuando niño al descubrir algo, y también con su inocencia. Entonces no hay perfección y tampoco importa.

Pregúntate: ¿Existe algún beneficio para ti si puedes mostrarte vulnerable? Es un gran aliviado y las demás personas agradecerán que, como ellos, tampoco seas perfecto. Sigue leyendo…

4- El Irrelevante

Son personas de las que dirías que “no están centradas”. Viven en su mundo. Le cuesta asumir responsabilidad. Tienen una atención dispersa, baja capacidad de escucha y juegan al rol del distractor.

En una conversación no interactúan con los demás al hilo de la misma, sino que van por libre. Hacen preguntas a destiempo, que nada tienen que ver con lo que se está hablando e ignoran las preguntas que se les formulan y responden explicando algo que nada tiene que ver con lo que se está hablando. En definitiva el irrelevante no toma en serio los intereses y necesidades propias, ni las del otro, ni las del contexto.

En la gestión de conflictos se muestra esquivo y evita la confrontación, evitando resolverlos.

El irrelevante en lo profundo se siente aturdido y cree no importarle a nadie y no tener sitio en ningún lugar.

Qué hacer:

Si te sientes identificado con el irrelevante puedes tratar de centrarte en una conversación como espectador atento. Permanecer presente en la conversación y al final de ella tomar tu momento para intervenir sobre algo de aquello de lo que se habla. Practica el arte de la escucha, y poco a poco hazte visible al hilo de lo que ocurre, cuanto más practiques más disfrutarás de los demás, y los demás contigo.

5- Congruente Funcional

Virgina Satir también menciona un modelo de comunicación congruente que es un estilo más asertivo y afirmativo de la comunicación. Lo que ella llama la Comunicación Funcional.

Esta comunicación se da cuando es fluida, directa, natural  y honesta, y ello es así cuando la persona:

  • Es consciente de sus emociones, pensamientos y conductas, por lo que es capaz de responsabilizarse por sus actitudes y conductas.
  • Muestra congruencia y coherencia entre lo que expresa, lo que dice, y su lenguaje corporal .
  • Pide aclaraciones cuando se le piden o cuando la otra persona desea verificar o parece no comprender. Verifica lo dicho para compararlo con lo escuchado y así determinar si ha comprendido bien.
  • Es un comunicador valiente, con coraje, no teme ir al enfrentamiento y a la vez siempre respeta la autoestima de su interlocutor. Demuestra franqueza y respeto al hablar y al escuchar.
  • Es abierto y franco en sus planteamientos, optando por un modelo colaborativo que propicie los acuerdos ganar – ganar para la solución de conflictos.

En definitiva el comunicador congruente es responsable, creativo, integrado, productivo y está presente. Pone límites, habla claro. No juzga ni acusa. Administra su tiempo. No interfiere, ni protege, no bloquea, no transmite dobles mensajes. Es directo y específico. Diferente y también complementario. Es claro y consciente de sus propias necesidades y tiene en cuenta las del otro y el contexto en el que se desenvuelve.

El congruente utiliza frases del estilo:

  •  “Mi punto de vista es…”
  • “Creo conveniente proceder de la siguiente manera…”
  • “Estoy o no estoy de acuerdo con su posición”

Expresamos lo que somos y somos lo que expresamos.

Virginia Satir decía: “hay una relación entre la forma de comunicación de una persona y su nivel de autoestima”. El nivel en el que nos comunicamos es proporcional a nuestro grado de crecimiento, conocimiento consciente y desarrollo personal.

Todos, cada día, tenemos problemas que podemos, y debemos resolver mediante la comunicación. Si vamos afianzando el modelo  del Comunicador Funcional, iremos ganando relaciones personales mucho más sanas, más sinceras y nos encontremos mucho más a gusto con nosotros mismos y con los demás. Para ello es imprescindible conocer y desarrollar algunas habilidades y destrezas del lenguaje de la comunicación, y sobretodo aprender con conciencia sobre nuestras emociones y el manejo de las mismas, y eso requiere práctica pero sobretodo ganas y motivación para mejorar y sacar lo mejor de nosotros mismos.

“Siempre hay esperanza y oportunidad para cambiar porque siempre hay oportunidad para aprender” Virginia Satir


Comunicación Coaching

Beatriz-Palá-Calvo

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Las 10 CLAVES de la comunicación para la vida y el trabajo

1- Mensaje coherente

La comunicación no verbal debe de ir acorde con la verbal. Decir » ya sabes que te quiero» con cara de fastidio dejará a la otra persona peor que si no se hubiera dicho nada.

2- Emite un mensaje sin juicio

Expresa lo que sientes, pero potenciando el diálogo desde el no juicio. Muchas veces decimos: «Ya lo sabía, como siempre me has vuelto a fallar» y no damos oportunidad a que la comunicación fluya. Si quieres que exista un verdadero diálogo debes dar la oportunidad de la respuesta, y para ello es imprescindible que no realices un juicio de antemano. Piénsalo con sinceridad: ¿Qué pasa si alguien te dice a ti?: «Ya sabía yo que volvería a pasar…» «No sé para qué te digo nada, si…» «Contigo es imposible hablar…» Hablando así no se avanza, y sólo se consigue confirmar la premonición. Si quieres de verdad tener una buena relación, permítete brindar la oportunidad de escuchar a la otra parte, dejando que hable sin ser juzgada de antemano. Verás cómo cambia… No esperes a que los otros cambien, cambia tú y es muy probable que los otros cambien. Porque tu cambio genera cambios a tu alrededor. Pruébalo con pequeños actos, experimenta y déjate sorprender…

3- Practica la escucha activa

La escucha activa significa escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla. Es la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo, con cierta empatía, es decir, poniéndose en el lugar de la otra persona.

Identifica el contenido de lo que dice la otra persona, sus objetivos y sus sentimientos. Trata de entender lo que te quiere decir. Entender no quiere decir estar de acuerdo, sino aceptar y respetar. Cuando escuches, preguntarte a ti mismo: ¿Qué realmente me quiere decir?

Exprésale al otro que le escuchas con comunicación verbal (ya veo, umm, uh, etc.) y no verbal (contacto visual, gestos, inclinación del cuerpo, etc.). Demuéstrale que le estás escuchando de verdad.

Ayudarle a expresar sus sentimientos e ideas. «Explícamelo mejor, me gustaría conocer tu punto de vista con profundidad»

Mostrar el respeto y aceptación por lo que dice, aún si no estamos de acuerdo, con frases como esta: «Tu punto de vista me parece interesante, seguro que lo has pensado bien y por algún motivo lo crees así»  «Por mi experiencia y forma de ver las cosas, no comparto tu punto de vista, aun así te respeto a ti»

No interrumpas.

No cuentes «tu historia» cuando el otro necesita hablarte.

No ofrezcas ayuda o soluciones prematuras.

No rechaces lo que el otro esté sintiendo, por ejemplo: «no te preocupes, eso no es nada».

No contra argumentes. Por ejemplo: el otro dice «me siento mal» y tú respondes «y yo también».

Evita el «síndrome del experto», es decir tener las respuestas al problema de la otra persona, antes de que te haya contado la historia completa.

4- Discute los temas de uno en uno

No «aproveches» la discusión para reprochar otras cosas e iniciar varias discusiones al mismo tiempo. Es decir no saques a relucir los “trapos sucios” del pasado, no sólo no aporta nada provechoso, sino que despierta malos sentimientos. El pasado es bueno recordarlo si el resultado de entonces nos ayuda ahora para tomarlo como ejemplo de cómo solucionar situaciones. Pero es evidente que el pasado no puede cambiarse; por tanto hay que dirigir las energías al presente y al futuro.

5- Sé especifico

Ser específico, concreto, preciso, es una de las normas principales de la comunicación. Tras una comunicación específica, hay cambios; es una forma concreta de avanzar. Cuando se es inespecífico, rara vez se moviliza nada. Si por ejemplo, nos sentimos solos/as y deseamos más tiempo para estar con nuestra pareja, no le diga únicamente algo así: “No me haces caso”, “Me siento solo/a”, “Siempre estás ocupado/a”. Aunque tal formulación exprese un sentimiento, si no hacemos una propuesta específica, probablemente las cosas no cambiarán. Sería apropiado añadir algo más. Por ejemplo: “¿Qué te parece si ambos nos comprometemos a dejar todo lo que tenemos entre manos a las 9 de la noche, y así podremos cenar juntos y charlar?”.

6- Evita las generalizaciones

Los términos «siempre» y «nunca» raras veces son ciertos y tienden a formar etiquetas. Es diferente decir: «últimamente te veo algo ausente» que «siempre estás en las nubes». Para ser justos y honestos, para llegar a acuerdos, para producir cambios, resultan más efectivas expresiones del tipo: “La mayoría de veces”, “En ocasiones”, “Algunas veces”, “Frecuentemente”. Son formas de expresión que permiten al otro sentirse correctamente valorado.

7- Sé breve

Repetir varias veces lo mismo con distintas palabras, o alargar excesivamente el planteamiento, no es agradable para quien escucha. Produce la sensación de ser tratado como alguien de pocas luces o como un niño. En todo caso, corre el peligro de que le rehúyan por pesado cuando empiece a hablar. Hay que recordar que: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

8- Elige el lugar y el momento adecuados

Si no es el momento apropiado utiliza frases como: “si no te importa podemos seguir discutiendo esto en… más tarde”.

9- Practica el arte de las preguntas poderosas

El modo en cómo formulamos las preguntas tiene mucho que ver con la respuesta que obtenemos. Para ello te recomiendo que preguntes formulando las preguntas de un modo que inviten a la respuesta, tanto por lo que con ellas dices, como por el tono y postura de tu cuerpo. Si no juzgas de antemano, será muy fácil transmitirlo con la comunicación no verbal. Y respecto a la comunicación verbal, puedes realizar los siguientes cambios, y probar con ellos. Te sorprenderá el cambio que provoca en tu modo de relacionarte

Algunos ejemplos que te darán la pauta general, son:

  • “¿Por qué has hecho esto?”  prueba cambiarlo por “¿Qué te ha llevado a hacer esto? ¿Qué deseabas obtener con ello?”
  • ¿Por qué llegas tarde otra vez?» cámbialo por, “Llegas tarde ¿ha pasado algo?”
  • ¿Otra vez estás gritando?”  cámbialo por, “Te pido por favor que bajes el tono de voz”
  • “¿Por qué me críticas?”  puedes cambiarlo por, “Me gustaría que si algo no te gusta de mí, me ayudes a mejorarlo”

10- Sentido del humor

HUMOR COACHNGY por último y MUY IMPORTANTE, aplica el SENTIDO DEL HUMOR en la vida y en tu comunicación. Ríe, sonríe, experimenta y DISFRUTA

Una manera muy eficaz de cómo comunicarse bien con la otra persona es teniendo un buen sentido del humor. Es fácil darse cuenta que esto es cierto. Muchas veces quienes comunican bien nos caen bien y las personas que tienen un fuerte sentido del humor son más atractivas y exitosas.

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El poder de la comunicación

ATENTO: NO ES SÓLO LO QUE DECIMOS, SINO COMO LO DECIMOS

Elsa Punset nos explica brevemente en este video, como interpretar y utilizar el lenguaje corporal, que es más fuerte y fidedigno que el verbal, con el que el que tan sólo transmitimos un 7% del total del mensaje.